Gabriel humilla de nuevo a Damián y le asegura que su guerra no tendrá fin en ‘Sueños de libertad’ (Mejores momentos)
La guerra entre Gabriel y los De la Reina no conoce tregua.

Tras haber frustrado la firma con Brossard al poner a Floral por medio, el empresario no muestra el menor atisbo de arrepentimiento. Todo lo contrario.
En uno de los momentos más tensos del capítulo 580 de ‘Sueños de libertad’, Damián se enfrenta cara a cara con su sobrino en un intento desesperado por ponerle fin a una espiral de venganza que amenaza con destruirlo todo.
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Damián no tarda en ir al grano. Sabe perfectamente quién está detrás de la operación de Floral y se lo deja claro: «¿Cuándo vas a acabar con esto, Gabriel?». La pregunta queda suspendida en el aire, cargada de una tensión que no hace sino crecer cuando Gabriel, con una frialdad calculada, responde sin titubear: «Nunca». Una sola palabra que resume toda la magnitud de su rencor.
Lejos de amedrentarse, Gabriel se permite incluso ironizar con la situación. «Estáis seguros de que queréis sacarme de vuestras vidas, yo creo que no. Yo creo que os gusta tenerme cerca, porque hay un poquito de emoción», les dice con una sonrisa provocadora. Y no duda en meter el dedo en la llaga al recordar a Andrés que fue él quien quiso que Begoña permaneciera cerca, en lugar de marcharse a París.
Damián intenta reconducir la conversación y le pide «encarecidamente» que pare. Pero Gabriel no se deja conmover: «Demasiado tarde. Cuando llegué a esta casa, usted ya había hecho demasiado daño». El reproche es directo, sin filtros, y deja al patriarca de los De la Reina sin capacidad de réplica durante unos instantes. «Sinceramente, me habría gustado que las cosas fueran diferentes, pero usted las empezó. Así que ahora le toca asumir las consecuencias», sentencia Gabriel sin un ápice de duda.
Damián, acorralado pero sin rendirse, contraataca con lo que más puede doler: la paternidad. «¿Sabes lo que más me preocupa? Que tu hijo no te ha dado un espejo mejor en que mirarse cuando crezca. Porque verá lo que veo yo: un hombre solo, amargado, sin alma y sin principios». Una estocada emocional que busca hacer tambalear la coraza de Gabriel. Damián remata asegurando que por eso es fundamental que el pequeño crezca cerca de su familia, «algo que tú nunca tendrás».
Gabriel encaja el golpe sin inmutarse, o al menos eso aparenta. Con un gesto que destila desdén controlado, se despide con un lacónico: «Perfecto. Pues entonces os dejo en familia, para que disfrutéis de vuestra gran operación». La ironía final, aludiendo al negocio que él mismo ha dinamitado, deja claro que la guerra está lejos de terminar.
El enfrentamiento entre tío y sobrino alcanza así uno de sus puntos más crudos. Damián ha puesto sobre la mesa los sentimientos, la familia, el futuro de un niño. Gabriel ha respondido con hielo. Dos formas de entender el poder, dos heridas abiertas que no parecen tener sutura posible. La pregunta que flota sobre los De la Reina es inevitable: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar Gabriel en su venganza?
